sábado, 4 de octubre de 2014

Una vieja subnormal.

Llegué demasiado cansado a casa, esperando que nadie me tocara los cojones. Simplemente me echaría en la cama y dejaría que el tiempo siguiera su curso sin mí. 
La puerta de mi habitación estaba entornada así que me acerqué, giré el pomo y entré.
Al encender la luz de la habitación vi sentada sobre mi cama a una vieja subnormal que no sabía que no tenía que estar ahí.


Parecía estar viva pero no se movía.
No tenía fuerzas ni para gritarle ni para preguntarle, solamente me subí a la silla, cogí una escopeta que había encima del armario y acto seguido disparé, en sus dos ojos. Menuda puntería tenía yo. 

Ya no respiraba, estaba muerta. 

La impaciencia y el coraje me abandonaron para dar paso al miedo y a los nervios.
¿Por qué la había matado sin siquiera pensarlo? La había cagado. 
¿Cómo iba ahora entonces a deshacerme del cuerpo? La acosté sobre la cama y la tapé con la sábana, era una idea estúpida, sin pies ni cabeza. El sótano era un lugar "seguro" pero no podía arriesgarme a pasear el cuerpo hasta allí, algún familiar podría sorprenderme, además que alguien podría ver el cuerpo allí descomponiéndose. 

El pánico se apoderó de mí.

¿QUÉ IBA A HACER AHORA?
¿Descuartizar el cuerpo? ¿Dónde? Era todo demasiado complicado.

Menuda mierda de noche, joder. 

Un suspiro se escapó de mí y empecé a sentir la almohada un poco mojada por la saliva, producida por aquella profunda pesadilla.