sábado, 19 de diciembre de 2015

Incapacidad

No entiendo por qué el modisto me terminó así de mal esos pantalones, la pata de mi cuarta pierna la hizo demasiado larga.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Inexorabilidad





Sentimientos de arena
sedimentan el solitario suelo
con colores barrena
y huyen en un revuelo
con el aire que es el tiempo locuelo.









jueves, 3 de septiembre de 2015

Para ti, como siempre

De nuevo estabas allí, filtrándote por cada poro de mi piel, haciéndome temblar de amor.

Tu cabello era normal, al igual que tus ojos, tu nariz, tus labios, tu barbilla, e incluso tus orejas. Lo que hacía que se agitara el planeta dentro de mí era cómo utilizabas cada una de las partes de tu cuerpo. Sabías hablarme sin decir una palabra. Sabías recitarme poemas de amor sin abrir la boca, sólo dilatando las pupilas de aquellos ojos tan normales. También me fascinaba cómo sabías pintar cuadros de museo con sólo respirar, sin siquiera tocar un pincel. Eso era lo asombroso, me dejabas extasiado.

Jamás en la vida encontraría a otra persona así,  y no era amor ni idolatría, sino obsesión; no tuya, por supuesto.
Lo horrible de todo aquello es que las circunstancias no nos permitían vernos más de milésimas de segundo, luego te desvanecías, como siempre. Por eso yo me pregunto, ¿qué serías capaz de hacer en el caso de disponer segundos para respirar mientras nos miramos? ¿Acabarías con el curso del mundo? Explotarías el sol y toda la vía láctea, sin miedo ni inseguridades.

Parecerá una exageración o simples palabrerías pero juro que hablo de verdad, y literalmente. Así que por favor, ven, acércate, ya no importa que todo acabe, no pasa nada si morimos todos mientras se destruye el mundo, sólo ven, deja que el destino fluya y acabe como está escrito, permite perder este maldito truco que te hace caer en el amor, pero es así, y siempre lo ha sido.

lunes, 3 de agosto de 2015

Con amor

Resquicios de sol se atropellaban por entrar a contemplar el carente mobiliario del lugar. En ese preciso momento corría una brisa tan escasa como tu inteligencia, que me hacía pensar si realmente los futuros días en aquella casa solariega serían vacaciones o no. Mamá y mamá definitivamente se habían equivocado un año más al elegir el destino en el que pasar el verano, o al menos unas semanas de éste.

—Siempre te tienes que quejar de todo -me reprochó mamá.

Conociéndolas supongo que sabrás a cuál de las dos me refiero.

—No es eso —repuse —. Simplemente no hacéis nada bien.

No tenía nada en contra de ellas, ni de nadie, pero no podía soportar cómo el resto del mundo llevaba la vida, de un modo diferente al mío. Todo sería mucho mejor si cada persona actuara como yo, no habría nadie siendo infeliz, o quizá todos, pero ésto último es menos probable.
(Por favor, hermana, no me repitas que la acentuación a los pronombres demostrativos ya no es necesaria).

No quiero aburrirte con digresiones así que seré breve y te haré saber pronto qué me molesta de ti.

Los días allí pasaron lentamente, como para mí el tiempo cuando espero nerviosamente a que las palabras broten de tus labios y no lo hacen, las noches aún más largas me hacían desesperar en la cama, y así, desesperanzado, una noche me  desvelé y salí al exterior a fumar un cigarrillo.

Vientos gélidos corrían por el campo acompañados de lo que creo que fueron algunas criaturas indescriptibles, apenas pude verlas, pero dejaron pruebas de su paso. Habían dejado un bidón con ganas de arder en el que se encontraba pintado un símbolo con color parecido a la sangre, que seguro era falsa. Parecía una imitación fallida y ridícula de la "V" de Vendetta, pero sinceramente no recuerdo ni qué tenía dibujado.
Quería sentirme en una novela perteneciente al Realismo Mágico, así que lo tomé como algo de lo más normal del mundo y me fui a dormir otra vez, o al menos a intentarlo. Nunca más (hasta este momento) volví a pensar en el bidón, ni siquiera me fijé en si seguía allí o no.

Adelantemos varios mundanos días en los que no ocurrió nada digno de recordar y lleguemos al momento en que en una de las salidas de las estrellas entre la oscuridad, también la mía al campo por insomnio, me encontré con aquel símbolo tan macarrónico por todas partes: en el umbral de la puerta, en el suelo, en la silla que teníamos fuera, e incluso flotando en la nada.

El aire se decidió a deprimirme con tantas sacudidas que me recordó el espanto de la situación,  seguro que aquellas criaturas tenían pensando un mal destino para mí. Corrí a la habitación para alejarme de todo lo que me echaba de allí, y entonces fue cuando fui a tu lecho a despertarte.

No me creías, pero tras bastantes horas de insistencia saliste afuera y te mostré los horribles símbolos.

—No veo nada -te atreviste a decirme con parsimonia.

Eso es.

viernes, 10 de julio de 2015

Insomnio


El hijo de la familia llegó a casa más tarde de la cuenta, y además con cierta embriaguez. Todos estaban durmiendo ya, así que no podía hacer mucho ruido. Entró por la puerta trasera con el máximo cuidado, se comió un trozo de pan con jamón (para eludir la resaca de la mañana siguiente), y se fue a dormir.

El sueño venció al joven, arrojándolo a la cama y obligándolo a dormir independientemente de todo, pero los dolores de cabeza también estuvieron presentes,  y en cierta medida, le dificultaron el descanso. En uno de esos momentos de desvelo, al joven le atacó el sentimiento de haber dejado la puerta de la casa abierta, pero no podía levantarse a comprobarlo porque haría que todos los demás se despertaran, y para él era solo una obsesión absurda.

La noche fue demasiado larga, impidiendo a nadie disfrutar de ella, siendo como una pizza recién hecha tirada a la basura. Una pena de verdad.
Entre remordimientos y jaquecas hubo alguna hora que calló en manos de la paz absoluta, hasta que ésta fue interrumpida por un estridente grito procedente del padre:

-¡Han entrado a robar unos ladrones hijos de puta!

La madre, la hija y el hijo, que habían pasado una noche parecida, tuvieron la misma reacción. Fue como si les cayera encima un cubo de agua, despertándose sin saber qué hacer y llenos hasta el corazón de culpabilidad.

En menos que canta un gallo estaban todos en el salón, mirándose con caras nada comunes en días ordinarios.
El hijo no podía con el peso del miedo a ser pillado mintiendo y confesó; había dejado la puerta de atrás abierta y podrían haber entrado por allí con la única dificultad de saber abrir una puerta corriente.

-¡Subnormal, ¿no ves que nos has puesto a todos en peligro? ¡No sabes todo lo que hemos perdido! -el padre casi se dejó la garganta.

-Lo siento.

La madre se había dejado una ventana abierta por la que podrían haber entrado también los ladrones, así que no podía arriesgarse a dejar que el peso cayera sobre su hijo y luego se descubriera que fuera ella la única culpable de todo aquello.

-A mi se me olvidó cerrar con llave la cochera, podrían haber entrado por ahí -confesó la hija antes que la madre.

Los ladrones habían tenido tres lugares como mínimo por los que entrar fácilmente, ya no sabían quién era el culpable de aquello, pero todos fueron víctimas, habiendo perdido tantas pertenencias valiosas como tenían.

Tras días en continua vana investigación descubrieron que de nada había servido la facilidad que habían tenido los ladrones, pues habían entrado por la puerta principal, la única cerrada esa noche, siendo forzada.

Tuvo gracia, fue como las violaciones. Habiendo tantas personas con ganas de coger, todavía existe gente horrible cometiendo tales actos.

sábado, 6 de junio de 2015

Después de muerto

El puñal ya me había atravesado el pecho y mi respiración comenzaba a cesar. Lo peor de aquello no era la muerte en sí, sino al lugar donde iría mi alma. Casi todas las personas tenían algunas ideas, inclinaciones de pensamientos sobre lo que pasaba después de dejar la vida terrenal. Yo no, y por ello tenía que decidirme ya.
Te preguntarás por qué estoy diciendo esto. «Las personas no pueden elegir dondequiera que van, la vida les tiene un destino preparado», pensarás. «No hay nada después de la muerte», «Si eres bueno, al cielo, si no, al infierno»… Pues no. Tienes suerte de pensar esto, porque significa que no quedarás en este abismo en el que estoy yo.
Seré más claro. La muerte no es sino lo que nosotros esperamos de ella. Todo está creado por nuestra mente, y si crees que no hay nada después de perecer, entonces no lo hay para ti, en cambio, si sostienes que irás al cielo, tu mente lo creará para tu alma, y vivirás allí eternamente. Mi problema es que después de haber descubierto el enigma que ha perseguido a toda la humanidad, he dejado de salvarme, y no voy a ningún sitio. Sé que eso es cierto, pero llegados a este punto no sé qué es lo que hay para mí, y sería algo subjetivo que eligiera lo que más me gustara.

Siento que viviré en este infierno permanentemente y rodeado de lo que siempre me advirtió mi profesor de artes, absurdismo. 




miércoles, 29 de abril de 2015

¿Para qué?

Hoy, durante una larga tarde de estudio de Historia, y tras conocer la noticia que dice que los homosexuales ya no podrán donar sangre legalmente, me he dado cuenta de que no es que estemos retrocediendo en la evolución, sino que estamos viviendo de forma cíclica, y no sirve de nada resolver los problemas, pues la solución (que nunca suele ser total) de éstos solamente servirá para crear otros nuevos.
Cuando nuestras televisiones se rompan, pagaremos cantidades desorbitadas para volver a tenerlas en funcionamiento, pero cuando vuelvan a vivir, la obsolescencia programada lo pagará con nuestros móviles, y cuando pasemos meses sin ellos y nos compremos otros, la luz se nos irá.
Lo peor es que no hablo solamente de problemas domésticos.
¿Para qué han servido todas las luchas de las mujeres que querían reconocer su igualdad al hombre? Para que en la actualidad, las empresas contraten antes a hombres, volviendo a discriminarlas como antaño.
¿Para qué sirvió el movimiento obrero? Para que los trabajadores sigan trabajando en precarias condiciones.
¿Para qué sirvieron tantas huelgas? Para continuar teniendo un gobierno con el que nadie se siente afortunado.
¿Para qué sirvió acabar la Primera Guerra Mundial? Yo os lo diré, nada más que para que pudiera existir la segunda, 
y ¿para qué sirvió poner fin a la segunda? ...
«De nada sirven las quejas si nadie hace nada por cambiar», dicen muchos, pero es ahí cuando yo me cuestiono si merece la pena o no, porque a lo mejor podemos solucionar un problema, pero otro aparecerá sin previo aviso.
Las soluciones no son más que el comienzo de nuevos errores.

miércoles, 1 de abril de 2015

Sorpresa para todos

Cientos de bombas explotaron contra mi pecho en el instante en que osé a sincerarme completamente con el hombre que había dado todo por mi bienestar.
—  Hay una parte de mi vida que desconoces, y creo que ha llegado el momento de que seas consciente de ella.
— Aunque no lo creas, lo sé todo de ti  -respondió, impasible.
«Es inverosímil que sepa ya todo lo que le tengo que relatar», pensé, así que proseguí a contarle toda la historia, mientras él se mostraba apático, como si le estuviese contando que se me había perdido una moneda de céntimo.
La infancia era la etapa que vivía yo cuando se originó el problema que me persiguió de una forma furtiva pero acosadora durante toda mi vida. Por aquel entonces yo vivía con mi padre y mi madre en una pequeña villa perdida de la ciudad industrializada y moderna. No me importaba nada aquel estilo de vida tan aislado, a diferencia de los demás niños de mi edad, mientras me dejaran un limpio lienzo y una paleta en la que ni cupiesen todos los colores que podía tener. Cada amanecer era más dichoso que el anterior; toda mañana me levantaba con el ánimo tan alto como las cometas volaban, gracias solamente al pensamiento de emplear las veinticuatro horas del día pintando. Era mágico, al igual que cualquier otro tipo de arte. Me sentaba en una silla y dejaba que todos mis miedos e inquietudes se esfumaran de mi interior para dejarlos reflejados en revueltos de colores.
Ser pintora era mi sueño, mi pan de cada día serían mis pinturas, y junto a ellas no necesitaría nada más. La pintura aunaba cualquier tipo de amor que yo pudiese necesitar.
Tal era la excitación que me recorría, que tuve que contarles a mis padres todos los planes que tenía para mi futuro. Fui demasiado ingenua al pensar que compartirían mi júbilo, porque mi entusiasmo era directamente proporcional a su aversión.
— ¡Ni hablar serás una muerta de hambre! –vociferó mi padre —En la vida he visto yo una mujer que se dedique al arte.
Les supliqué millones de veces, pero siempre aducían lo mismo, solo los hombres podían vivir de su talento, e incluso a éstos les era muy difícil; así que yo debía buscarme otro futuro más práctico y lejos de castillos en el aire, pues no desearía verme rodeada de fracaso.
— Haz algo útil antes de que se te caiga la leche. Como mujer que eres, deberías aprender ya a cocinar y planchar, al igual que tu madre.
Ni replicar podía porque a la mínima me volvía la cara con su robusta mano llena de culpabilidad.
Las lágrimas me ahogaban siempre que cerraba la puerta de mi habitación. Impotencia tenía e impotencia tendría por toda la vida a causa de tener que trabajar para un hombre y aun así, depender de él. Nada malo tenía eso comparado con la coyuntura de no poder pintar nunca más si no quería que se me tomara por una perdedora.
Siempre había estado muy cómoda e identificada con el sexo que me había tocado al nacer, y nunca habría querido cambiarlo, pero llegó un momento en el que deseé con todas mis fuerzas ser un chico para poder hacer lo que me viniera en gana sin tener el miedo a la derrota, ni verme enfrentada sin fin a los horrendos juicios de mi progenitor.
Me quedaría sola un fin de semana que mis padres decidieron marcharse a la gran ciudad en busca de cultura y nuevas amistades, así que con todo el dinero que ahorré desde que salí del interior de mi madre, fui a un quirófano a operarme. Al no tener la autorización paternal, me fue casi imposible, pero me las apañé demasiado bien para el problema, con la ayuda de dos contactos, lo conseguí.
La operación fue prolongada y agonizante, pero no importaba, porque a partir de entonces, sería un hombre, y podría vivir del arte.
La cara de mis padres al verme ni de lejos podría compararse a la del día que les comuniqué mis planes de futuro. Perdieron todo el orgullo que tenían en mí en milésimas de segundo, y al parecer, sintieron que las cometas que en un día volaban muy alto en el cielo, habían sido alcanzadas por un maldito rayo en noche de tormenta, y ahora andaban por el suelo, despedazándose. Lo sé porque yo también lo sentí. Ni masticar y tragar piedras habría sido tan doloroso como aquello. No sabía si arrepentirme o no. ¿Merecía la pena haber llevado a cabo tal acto por un simple improbable sueño?
No fueron capaces de tener tal “ser” en su casa. Me echaron, sin más.
Mi vida se estaba viendo atravesada por una terrible ventisca que me zarandeaba a un lado y a otro, haciéndome perder toda estabilidad y seguridad. Qué iba a hacer yo ahora. Para mi fortuna, todavía me quedaba lo que yo sabía que nunca me dejaría de lado, la pintura. El primer cuadro que pinté en ese momento sirvió para expulsar gran parte de la negrura que habitaba en mí. Los colores oscuros se mezclaban en la paleta para derivar a otros más hermosos, y con ellos dibujar mis miedos.
Lienzo a lienzo iba sanando los colores, cada vez más parecidos al de las estrellas que brillan sin cesar. Las estrellas, al igual que algunos humanos, nos permiten guiarnos con su luz incluso después de muertas, eso es lo que más me gusta de ellas. Una persona así entró en mi vida cierto tiempo después. Ya no le seguí contando más de la historia a mi novio, puesto que él ya conocía el resto.
Al conocernos, él admiró todos mis cuadros; nunca lo había visto tan asombrado y excitado a la vez. Él tenía dinero de sobra para poder mantenernos a ambos y permitirme dedicar mi vida a lo que más me apasionaba, pero eso no era lo mejor, sino que él daba sentido al arte que nunca había conocido ni experimentado, el verdadero amor.
Por la holgura de vida pude compartir mis obras en galerías, con más gente que era capaz de apreciarlas. Por fin llegué a la etapa de mi vida en la que pude saborear la felicidad, porque a pesar de que ahora era un hombre por culpa de mi retrógrado padre, tenía un novio perfecto, y por encima de todo, yo hacía lo que deseaba.
Posteriormente, con una sonrisa que se podría identificar con la cometa que volaba en lo alto del despejado cielo, mi chico se pronunció:
— Siempre he conocido tu historia, porque aunque no lo creas, tus pinturas hablan por ti. Desde el momento en que te vi supe que te amaría de por vida, sin importar nada, y cada nuevo segundo me reafirmo.