sábado, 6 de junio de 2015

Después de muerto

El puñal ya me había atravesado el pecho y mi respiración comenzaba a cesar. Lo peor de aquello no era la muerte en sí, sino al lugar donde iría mi alma. Casi todas las personas tenían algunas ideas, inclinaciones de pensamientos sobre lo que pasaba después de dejar la vida terrenal. Yo no, y por ello tenía que decidirme ya.
Te preguntarás por qué estoy diciendo esto. «Las personas no pueden elegir dondequiera que van, la vida les tiene un destino preparado», pensarás. «No hay nada después de la muerte», «Si eres bueno, al cielo, si no, al infierno»… Pues no. Tienes suerte de pensar esto, porque significa que no quedarás en este abismo en el que estoy yo.
Seré más claro. La muerte no es sino lo que nosotros esperamos de ella. Todo está creado por nuestra mente, y si crees que no hay nada después de perecer, entonces no lo hay para ti, en cambio, si sostienes que irás al cielo, tu mente lo creará para tu alma, y vivirás allí eternamente. Mi problema es que después de haber descubierto el enigma que ha perseguido a toda la humanidad, he dejado de salvarme, y no voy a ningún sitio. Sé que eso es cierto, pero llegados a este punto no sé qué es lo que hay para mí, y sería algo subjetivo que eligiera lo que más me gustara.

Siento que viviré en este infierno permanentemente y rodeado de lo que siempre me advirtió mi profesor de artes, absurdismo.