viernes, 10 de julio de 2015

Insomnio


El hijo de la familia llegó a casa más tarde de la cuenta, y además con cierta embriaguez. Todos estaban durmiendo ya, así que no podía hacer mucho ruido. Entró por la puerta trasera con el máximo cuidado, se comió un trozo de pan con jamón (para eludir la resaca de la mañana siguiente), y se fue a dormir.

El sueño venció al joven, arrojándolo a la cama y obligándolo a dormir independientemente de todo, pero los dolores de cabeza también estuvieron presentes,  y en cierta medida, le dificultaron el descanso. En uno de esos momentos de desvelo, al joven le atacó el sentimiento de haber dejado la puerta de la casa abierta, pero no podía levantarse a comprobarlo porque haría que todos los demás se despertaran, y para él era solo una obsesión absurda.

La noche fue demasiado larga, impidiendo a nadie disfrutar de ella, siendo como una pizza recién hecha tirada a la basura. Una pena de verdad.
Entre remordimientos y jaquecas hubo alguna hora que calló en manos de la paz absoluta, hasta que ésta fue interrumpida por un estridente grito procedente del padre:

-¡Han entrado a robar unos ladrones hijos de puta!

La madre, la hija y el hijo, que habían pasado una noche parecida, tuvieron la misma reacción. Fue como si les cayera encima un cubo de agua, despertándose sin saber qué hacer y llenos hasta el corazón de culpabilidad.

En menos que canta un gallo estaban todos en el salón, mirándose con caras nada comunes en días ordinarios.
El hijo no podía con el peso del miedo a ser pillado mintiendo y confesó; había dejado la puerta de atrás abierta y podrían haber entrado por allí con la única dificultad de saber abrir una puerta corriente.

-¡Subnormal, ¿no ves que nos has puesto a todos en peligro? ¡No sabes todo lo que hemos perdido! -el padre casi se dejó la garganta.

-Lo siento.

La madre se había dejado una ventana abierta por la que podrían haber entrado también los ladrones, así que no podía arriesgarse a dejar que el peso cayera sobre su hijo y luego se descubriera que fuera ella la única culpable de todo aquello.

-A mi se me olvidó cerrar con llave la cochera, podrían haber entrado por ahí -confesó la hija antes que la madre.

Los ladrones habían tenido tres lugares como mínimo por los que entrar fácilmente, ya no sabían quién era el culpable de aquello, pero todos fueron víctimas, habiendo perdido tantas pertenencias valiosas como tenían.

Tras días en continua vana investigación descubrieron que de nada había servido la facilidad que habían tenido los ladrones, pues habían entrado por la puerta principal, la única cerrada esa noche, siendo forzada.

Tuvo gracia, fue como las violaciones. Habiendo tantas personas con ganas de coger, todavía existe gente horrible cometiendo tales actos.