jueves, 3 de septiembre de 2015

Para ti, como siempre

De nuevo estabas allí, filtrándote por cada poro de mi piel, haciéndome temblar de amor.

Tu cabello era normal, al igual que tus ojos, tu nariz, tus labios, tu barbilla, e incluso tus orejas. Lo que hacía que se agitara el planeta dentro de mí era cómo utilizabas cada una de las partes de tu cuerpo. Sabías hablarme sin decir una palabra. Sabías recitarme poemas de amor sin abrir la boca, sólo dilatando las pupilas de aquellos ojos tan normales. También me fascinaba cómo sabías pintar cuadros de museo con sólo respirar, sin siquiera tocar un pincel. Eso era lo asombroso, me dejabas extasiado.

Jamás en la vida encontraría a otra persona así,  y no era amor ni idolatría, sino obsesión; no tuya, por supuesto.
Lo horrible de todo aquello es que las circunstancias no nos permitían vernos más de milésimas de segundo, luego te desvanecías, como siempre. Por eso yo me pregunto, ¿qué serías capaz de hacer en el caso de disponer segundos para respirar mientras nos miramos? ¿Acabarías con el curso del mundo? Explotarías el sol y toda la vía láctea, sin miedo ni inseguridades.

Parecerá una exageración o simples palabrerías pero juro que hablo de verdad, y literalmente. Así que por favor, ven, acércate, ya no importa que todo acabe, no pasa nada si morimos todos mientras se destruye el mundo, sólo ven, deja que el destino fluya y acabe como está escrito, permite perder este maldito truco que te hace caer en el amor, pero es así, y siempre lo ha sido.